En medio de las bajas temperaturas que han marcado el invierno en la Región de Ñuble, la Agrupación de Bordadoras de Rucapequén transformó un taller comunitario en una acción solidaria, confeccionando y donando pieceras de crochet a personas mayores que enfrentan enfermedades y emergencias. La iniciativa surgió en Chillán Viejo con apoyo del Programa Quiero Mi Barrio, permitiendo aprender nuevas habilidades manuales, ayudar a los más necesitados y fortalecer los lazos vecinales.

Una de las participantes del taller, Zoila Aravena, comentó que “estamos agradecidas del Programa Quiero Mi Barrio por brindarnos estos espacios de aprendizaje y por animarnos a satisfacer nuestras inquietudes artísticas, aunque lo primordial es rescatar el patrimonio de Rucapequén y establecer que las mujeres somos capaces de salir adelante. En tanto que entregar estas pieceras no solo contribuye a darnos a conocer, sino que a generar una buena acción para nuestro pueblo”.
En la misma línea, la presidenta de la agrupación, Veneranda Fuentes, señaló que “el objetivo de la iniciativa es llegar a estas personas con un presente hecho con mucho cariño y afecto, esperando que sea de mucha utilidad y un real aporte para la comunidad”.
Sergio Barraza, vecino beneficiado expresó su agradecimiento ante el gesto de las bordadoras y manifestó que “han sido meses difíciles, estoy esperando una operación en la cadera y este tipo de acciones se aprecian mucho. Antes era una persona activa en la comunidad pero actualmente tengo este problema que me ha dificultado hacer mi vida normal”.

La iniciativa fue reconocida por la Seremi de Vivienda y Urbanismo de Ñuble, Carolina Navarrete, y el Alcalde de Chillán Viejo, Jorge del Pozo, teniendo en cuenta que es parte del Plan de Gestión Social del programa, cuyas acciones se han desarrollado durante más de dos años en el sector de Rucapequén, con una inversión superior a los $37 millones.
Los talleres de bordado han destacado por su alta participación, el fortalecimiento del rol de las mujeres y el rescate del patrimonio local. Con acciones como esta, Rucapequén demuestra cómo la organización comunitaria puede generar impactos concretos en la calidad de vida de sus habitantes, especialmente en contextos donde el frío y la vulnerabilidad hacen aún más urgente la colaboración y el apoyo mutuo.
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