El sismo de Chillán de 1939 ocurrió una noche como hoy a las 23:32 horas y fue catalogado como «muy fuerte» por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
Este 24 de enero se cumplen 87 años del terremoto de Chillán de 1939, el más mortífero de Chile. Revisamos sus causas, efectos y el persistente mito del “calor previo”.
En la noche del 24 de enero de 1939, un devastador terremoto sacudió el centro-sur de Chile y dejó una huella imborrable en la historia del país. Con epicentro en la región del Ñuble y una magnitud estimada superior a 8, el llamado terremoto de Chillán destruyó ciudades completas y causó decenas de miles de muertes.
El terremoto de Chillán ocurrió el 24 de enero de 1939, a las 23:32 horas, y tuvo como epicentro una zona cercana a la ciudad de Quirihue, en la actual Región de Ñuble.
A 87 años de esta tragedia, sigue siendo recordado no solo por su enorme impacto humano y material, sino también por los mitos que surgieron tras el evento, como la creencia de que el calor previo puede anticipar un sismo.

¿Cuándo ocurrió y cuáles fueron sus características?
El terremoto de Chillán ocurrió el 24 de enero de 1939, a las 23:32 horas, y tuvo como epicentro una zona cercana a la ciudad de Quirihue, en la actual Región de Ñuble.
Se trató de un sismo intraplaca, es decir, originado dentro de la placa de Nazca y no directamente en la zona de subducción frente a la costa.
Las estimaciones modernas sitúan su magnitud entre 8,2 y 8,3, según datos del USGS y estudios históricos posteriores.
La intensidad alcanzó niveles extremos en ciudades como Chillán y Concepción, donde numerosas edificaciones colapsaron debido a la precariedad de los materiales y a la ausencia de normativas sísmicas modernas.
La duración del movimiento, sumada a la hora nocturna en que ocurrió, contribuyó a agravar sus consecuencias.
Una de las creencias más persistentes en torno a los terremotos en Chile es que estos pueden “preverse” cuando hace mucho calor antes de que ocurran. En el caso del sismo de Chillán, muchos sobrevivientes relataron una jornada calurosa y sofocante, lo que alimentó la idea de que el calor sería una señal anticipatoria.
